Néstor Colón | Sueltos a la noche "2"

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SUELTOS A LA NOCHE "2"
Por Néstor Colón






Una avenida tan amplia que necesita de cuatro manos, será por eso que me queda grande.

Las dos y monedas en mi reloj. Hora en que la noche afina su trabajo. Apaga las luces y los ruidos innecesarios, y me deja sin ninguna prueba de que pueda pasar un colectivo que me rescate de este anonimato. La oscuridad es anónima, nunca exhibe el nombre de su autor; sólo el silencio escribe sus memorias y la fe garabatea sus ficciones.

Porque la fe, a cierta hora, fermenta sola, como esos organismos unicelulares llamados hongos. Por eso, por precaución, siempre se la deposita fuera de uno. Yo, por ejemplo, la deposito en la llegada de algún vehículo, tenga ruedas, alas o piernas de mujer.

Pero ella sólo dibuja siluetas, como la de un colectivo vacío.