Marisa Zachinno | La espera

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LA ESPERA
Por Marisa Zachinno





El cielo gris plomizo y la llovizna que caía sobre los ventanales de la vieja casona tornaban aún más triste y melancólica la tarde de aquel interminable invierno.

La soledad y esa eterna tristeza le dolían en el alma.

Tantas veces se había repetido la escena, tantas veces la dama de negro, paciente y etérea había visitado la casa para acompañar a cada uno de sus seres queridos a su morada definitiva. Pero ella seguí allí, Amanda sería testigo de la partida de cada uno de los miembros de su familia. En silencio los sentiría sufrir, llorar, enfermar y finalmente alejarse…

Aquella tarde sería quizás diferente, solo su madre habitaba la casa y con su partida, Amanda podría al fin después de tan larga espera, liberarse.

Faltaban pocos minutos para la hora anunciada, su madre dormía sin saber que ya no despertaría y ella sentía una mezcla de dolor y alivio al creer que por fin abandonaría la vieja casona. Veinte años habían transcurrido de aquella trágica noche en que un solo disparo certero, decisivo había terminado con su vida dejando a todos sumidos en el más profundo dolor, el mismo tal vez que sentiría ella después, tantas veces ante la partida de cada uno de ellos.

Había pasado mucho tiempo y ya no recordaba cuantas veces se había arrepentido de aquella estúpida decisión que la tenía hoy atrapada, esperando…

El invierno estaba llegando a su fin, la vieja casona ahora pintada y reciclada se preparaba para recibir a los nuevos habitantes. La familia estaba feliz, por fin después de mucho recorrer habían encontrado tan acogedora vivienda. Mientras el matrimonio acomodaba los muebles de la sala en la planta baja, los niños recorrían las habitaciones al final de la escalera.

_ “¡Mamá!, arriba hay una señora, dice que se llama Amanda…”