Alejandra Atadía | 12 JUNIO 2010

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“Mago de los deseos”
- Deseo que estés aquí:
la condición vegetal de mi casa
abre las hojas enredadas
más cerca
más cerca de la noche
y unos ojos negros de familia
ahuecan la nueva palabra
que viene flotando por el río.
Inútiles manos que te venden
o te acarician
que te enlazan o desenlazan con cuchillos.
Palabra: ilusión que proferimos a través de los años
al tiempo de navegar a lo largo de la costa.
Yo te haré pública.
Te haré arcilla con las manos
te haré
un gesto mecánico y labrador.
Te haré pájaro.
Palabra, volarás.

- Deseo el movimiento irregular de los pueblos:
Mi pueblo es mi voz
y nadie sabe quién soy
sabe que deseo
como aquel grumete de los puertos
que atestiguó un sol rojo,
incandescente,
amarillo,
en el delirio del recuerdo que deseaba el río y su destino
como la canoa sobre el cielo pulverizado de estrellas.

- Deseo todas las salidas del sol:
Deseo las ventanas
y el margen inundado de sauces
una tristeza de párpados anónimos
babas blancas que registran los humanos cuerpos
colgaditos en el patio de mi rayuela:
un mapa de hacedores que vislumbran la vida y la otra
desde abajo y entre bocas de tiempo.

- Deseo mis deseos:
La cicatriz de mis oídos
de mi lengua
las rondas del crepúsculo
estoy aquí
aunque llueva tanto que no pueda escribir
aunque llueva tanto…
- ¡Oh Mago del Deseo
enredado en las estampas y las velas del mantel,
desea por fin!
¡Es tu turno!
¡Jugá, Julito, jugá!
Eso sí,
deberás olvidar el mapa de tus voces devoradas
entregar el pan y el sueño a los que aún no despertaron.
Pide,
mendiga,
arrastra tu vara
en el río turbio y triste de los que han olvidado el canto.
¡Oh Mago del Deseo, canta!


Un hilo pasajero desmembró la cuerda del viejo reloj. Y vino de todas partes la voz. Y hacia todas partes volvió. Y se hizo verso el puñal.
Y todas las bocas entonaron, entre las sombras de un vidrio esmerilado, otros deseos.








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